TraffikGene prepara una spin-off para llevar al mercado su tecnología de entrega celular

24/02/2026

Uno de los principales problemas de la farmacología actual es la entrega de tratamientos en el interior de las células. Este delivery, como se conoce en la industria, debe asegurar que el fármaco llegue a los órganos, células y tejidos que lo necesitan. Sin embargo, sigue siendo una necesidad sin resolver. En el Centro Singular de Investigación en Química Biolóxica e Materiais Moleculares (CiQUS) de la Universidade de Santiago de Compostela (USC), buscan una solución desde el proyecto TraffikGene-Tx. El núcleo del estudio es una tecnología prometedora que permite a los fármacos basados en material genético atravesar de manera segura las barreras celulares hasta llegar al interior de la célula. El proyecto ya está en su recta final y en proceso de constituir una spin-off.

"Se trata de una tecnología muy versátil que podría aplicarse en distintos conceptos de terapias avanzadas", señala Alberto Fuertes, investigador del CiQUS y uno de los promotores de TraffikGene. Frente a otros mecanismos existentes en el mercado, como las nanopartículas lipídicas o los vectores virales, tiene un valor diferencial: se basa en péptidos, que son más biomiméticos y fáciles de optimizar. "Esta es nuestra propuesta de valor: diseñar péptidos transportadores a medida para cubrir las limitaciones que otras tecnologías de entrega aún padecen", añade.

Actualmente, el proyecto se encuentra en una fase de transferencia. Según explica Fuertes, muchas investigaciones intentan dar el salto al mercado, pero muchas fracasan por no demostrar la posibilidad de manufacturar moléculas en un entorno regulatorio relevante. En farmacología, este marco está compuesto por dos estándares de calidad: las GMP (Good Manufacturing Practices), referidas a cómo se fabrica el producto, y las GLP (Good Laboratory Practices), sobre cómo se investiga y analiza.

Demostrar la capacidad de producción y escalabilidad

TraffikGene ya ha demostrado que es posible manufacturar su candidato más avanzado de molécula transportadora en condiciones GMP y su efectividad en modelos preclínicos en ratones. "Nuestras moléculas transportadoras alcanzan más de un 90% de selectividad hasta el bazo o los pulmones de los ratones, y nuestra tecnología nos permite llevar a cabo optimizaciones químicas sucesivas para modificar esas propiedades transportadoras", explica. Aunque comenzaron sin datos in vivo, ahora pueden respaldarse en resultados, con una cartera de potenciales productos transportadores que pueden llegar a órganos y tejidos a los que los competidores están más limitados, debido a sus restricciones a la hora de optimizar las propiedades químicas de los transportadores que emplean.

El equipo de TraffikGene debe avanzar hacia la comercialización de la tecnología teniendo en cuenta los requisitos de la industria. "Estamos desarrollando con una CDMO el proceso de mezcla de nuestra molécula transportadora con el ácido nucleico terapéutico, que debe ser estandarizado y escalable", explica Alberto Fuertes. Una CDMO (Contract Development and Manufacturing Organization) es una empresa externa que se encarga de desarrollar un compuesto, en este caso un péptido, escalarlo desde el laboratorio a la producción y fabricarlo bajo estándares regulados.

Desde el laboratorio trabajaban con formulaciones a pequeña escala, típicamente por debajo del mililitro, pero en el futuro deberán alcanzar una escala industrial. Al tratarse de un proceso farmacológico, cada paso debe estar alineado con los requisitos regulatorios. Así, antes de poder llevar las formulaciones terapéuticas a un entorno clínico, también deben realizar un estudio GLP de toxicología, que permite evaluar la seguridad del compuesto inoculando diferentes formulaciones de TraffikGene en diferentes dosis escaladas en ratas, para demostrar que no es tóxico. "Nuestro proyecto EIC Transition cuenta con fondos para llevar a cabo este estudio GLP a lo largo de este año, lo que supondría un hito importante para el proyecto de spin-off y reforzaría el excelente perfil de seguridad que hemos demostrado hasta ahora en ratones", señala Fuertes.

Hoja de ruta de la spin-off

La idea de crear una empresa comenzó en 2018, durante la tesis de la doctora Marisa Juanes, que estaba desarrollando esta tecnología como herramienta para modificar células en cultivo bajo la supervisión del profesor Javier Montenegro. Juanes y Montenegro, junto a la doctora Irene Lostalé-Seijo, completan el equipo promotor de TraffikGene. En el grupo de investigación ya realizaban estudios de competición con kits y reactivos comerciales para el transporte de ácidos nucleicos, donde comprobaron que algunos candidatos de la tecnología de TraffikGene eran más efectivos y menos tóxicos que dichas soluciones comerciales.

Comenzaron pensando en comercializarlo en forma de kit de laboratorio, hasta que llegó la pandemia, y al retomar el proyecto decidieron adoptar un enfoque más ambicioso hacia el mundo in vivo y las terapias de ARN mensajero. "Este cambio de dirección es una de las razones por las que nos ha llevado varios años más llegar a este punto", explica el investigador del CiQUS. Ahora, la propuesta de valor de TraffikGene-Tx está clara: "Somos efectivos, más baratos, menos tóxicos y podemos optimizar la tecnología para llegar a órganos a los que nadie llega de manera sencilla".

Colaboraciones y fondos biotecnológicos

En este momento de captación de colaboraciones e inversión, es importante saber qué necesita el equipo de TraffikGene: "Tenemos que contar con colaboraciones estratégicas con empresas". El punto de partida es que exista una atracción del mercado para conocer la tecnología de la USC y probar en los laboratorios las moléculas transportadoras desarrolladas. Ya tienen encauzada una colaboración con una empresa biotecnológica noruega para que prueben la tecnología de entrega combinada con su molécula de interés, con el fin de verificar su potencial y las ventajas de usar este sistema.

El siguiente paso será lograr la unión con una gran empresa farmacéutica. "Es un reto en sí mismo, porque tienen sus propios objetivos muy definidos", señala Marisa Juanes, aunque piensa que no es un hito imposible. A pesar de que este tipo de industrias ya tengan candidatos para dianas terapéuticas definidas, llegar de manera selectiva a su sitio de acción, por ejemplo, un subtipo celular concreto dentro del pulmón, sigue siendo un problema que limita el proceso de desarrollo de terapias. A veces, solo el 0,5% del principio activo llega a donde debe llegar, por lo que la baja eficiencia puede sumar ciertos efectos secundarios. Aquí entra una de las ventajas de TraffikGene: la selectividad sin sacrificar eficacia y seguridad.

Al mismo tiempo, también buscan inversión privada para cubrir todos los futuros gastos de la empresa que está a punto de constituirse. "Lo ideal sería conseguir inversores de fondos españoles especializados en biotecnología", señala la investigadora. El escenario perfecto sería que, además de aportar capital, los inversores proporcionen una red de contactos para hacer crecer el negocio, un mecanismo denominado smart money.

¿Cómo comercializar con éxito?

En biotecnología y farmacología, el concepto de comercialización es difuso, tal y como explica el investigador Alberto Fuertes. Llegar a la aprobación de la Agencia Europea del Medicamento (EMA) para la comercialización de un producto puede tardar hasta 10 años, debido a la necesidad de llevar a cabo un elevado número de ensayos preclínicos y clínicos altamente regulados, lo que implica un alto volumen de inversión. Para llegar a clínica, se habla de plazos más cortos, como cuatro o cinco años. En este caso, la forma de generar ingresos para la *spin-off* sería a través de un modelo de acuerdos de codesarrollo con otras empresas, que desembocaría en licencias y royalties.

"Es muy complicado que una start-up pequeña que comienza desarrollando tecnología en fase preclínica llegue a completar todo este proceso", señala Alberto Fuertes. Por eso, lo habitual es que proyectos como TraffikGene, con alto riesgo pero también con gran potencial, se asocien con una empresa farmacéutica más grande para maximizar el impacto generado: "No hay muchos casos de empresas spin-off que lleguen a comercializar su propio producto. Si las cosas van bien, es probable que aparezcan oportunidades de adquisición en un período de cinco a diez años para que los inversores iniciales recuperen su inversión", explica.

A medio plazo, el investigador tiene claro cuál es el objetivo: "Ver la tecnología de TraffikGene formando parte de un producto en desarrollo clínico, porque sería la mejor forma de que nuestro esfuerzo llegue a tener un impacto en los pacientes". En un mercado en el que el delivery de fármacos está en auge desde 2020, TraffikGene podría ser una herramienta facilitadora de terapias avanzadas. Así, la principal motivación para generar una spin-off es el potencial para ayudar a los pacientes: "En mi opinión, para un investigador no hay nada más enriquecedor que poder ver cómo un proyecto que surge del laboratorio puede llegar a tener un impacto real en las personas", concluye Alberto Fuertes.

Por Andrea Veiga, GCiencia

El CiQUS cuenta con el reconocimiento CIGUS de la Xunta de Galicia, que acredita la calidad e impacto de su investigación, y recibe apoyo financiero de la Unión Europea a través del Programa Galicia FEDER 2021-2027.

 

de izq. a dcha: Alberto Fuertes, Marisa Juanes y Javier Montenegro en el CiQUS